dimarts, 29 de maig de 2018

PREMIO DE NARRATIVA BREVE 2017/18





Desde el Departamento de Lengua Castellana y Literatura hemos organizado este curso un concurso literario de narrativa breve con la finalidad de promover la creación literaria y el talento de nuestros alumnos y alumnas. Creemos necesario reconocer el buen trabajo y el esfuerzo del alumnado que participa activamente en las diferentes actividades promovidas desde el IES En Francesc Badia. Los finalistas de este concurso han sido: Alba Navarro Moreno de 4º ESO PR4, Mario Boluda Fuentes de 1º de Bachillerato Humanístico y Social y Sarah Quiles Bastida de 1º de Bachillerato Científico. Enhorabuena a todos y a todas. Por último queremos agradecer la colaboración del AMPA del IES que ha formado parte del jurado que ha decidido la resolución del concurso y que ha aportado la cuantía económica de los premios. Muchas gracias.




Diary of a Psicopath Whore

Me alegraba saber que la portada de este portentoso libro no fuera algo para recordar. “Me interponía en la infinidad de tus asuntos por pensar que te volvería a hablar”-Dije mientras la miraba desconcertada, a pesar de mis 23 años, y mi peculiar nombre, Margo.

Mientras me desperté de aquello, iba dejando la penumbra y aún me quedaban dudas de si respirar sería una buena ejecución después de aquello. Tenía las flores de los sentimientos contraídas, con la abrumadora esperanza de abrazarte. La soledad se me escabulló de nuevo cual pastilla de jabón, y volví a preocuparme de su presencia, esa que inundaba la sala, pero que a mí, no me lograba tocar. Decidí dejarme los aspavientos; recordar que mi madre acababa de fallecer, e irme a casa, sola.

Aún habiéndome perdido, conseguí llegar a mi casa y abrir esa tan grandiosa puerta, disfrazada de un gris cansado.

Verde. Lúgubre. Azul. Sucio. Vacío.  Eran adjetivos para algo desconocido, después de haber atravesado lo conocido y vuelta a empezar. Estaban mis cosas, creo, tenía pinta, pero no iba a pararme a comprobarlo, ya que solo veía vacío y oscuridad. En un salón donde no era el mío, no era mi casa, ni los recuerdos de cada remoto mueble me hacían constatarme de que aún no seguía perdida, a pesar de haber llegado ya a casa. Todo estaba mal, no estaba nada. Había un mísero foco de luz que apenas alumbraba una cuarta parte del salón, las cortinas eran más oscuras de lo que recordaba, y el sofá en el cual estaba tumbada, era mucho más incomodo de lo que nunca me había parecido ser el sillón  de mi casa. En frente de mi había películas, supongo que alguien se lo pasará bien viéndolas. Desde hace casi dos horas intentando llegar a casa y, ¿qué es lo que me encuentro?, una sala fría y sin apenas recuerdos que alegrarme la cara se caían sobre mis ojos, ni una sola toma de aliento de haber llegado a casa, esta no es mi casa. Mis sentimientos recordaban en tercera persona, como en una suposición, donde no estaba yo, y mis piernas aún decían a mis pies. ¡Despertad!¿ hemos llegado a casa?
Entonces, un ruido desagradablemente desconsiderado sonó tras la puerta de abajo, la desesperación  del sonido y mis nervios hacían un camino inviable hacia la desesperación. Y entonces contesté -Quién.
Una voz masculina me respondió que abriera, y abrí, no hable, y me quedé callada porque así, es como lo dejo pasar todo.
Me quedé dormida, en ese ridículo sofá que tanto dolor de cuerpo me causaba, y me desperté justo unos metros más abajo de donde yo, posteriormente me quedé frita. Aún no había enfocado la vista, cuando un hombre me dijo: – Antes podía contigo, ahora pesas demasiado.
 Era mi padre, se había enterado de lo de mi madre y había decidido venir a echarme un ojo con todo.
Mientras me explicaba todas y cada una de las razones por las cuales a pesar de llevarnos tan sumamente mal había decidido venir, yo me quedaba callada, y él también lo hizo esperando alguna respuesta de alguna pregunta sin sentido, lo que para él era un gran momento incómodo, yo lo disfrutaba debatiendo con él grandioso silencio, pero siempre acababa ganando él.
Entonces pues, rompí el debate con el silencio perdiendo así, y le solté a mi padre que no me apetecía cenar, que quería estar sola un rato y dormir un poco más, que había sido un día muy duro. Él asintió, y yo me fui a mi habitación.
Casi caigo rendida intentando recordar a mi madre cuando aún le quedaban pulmones para respirar, pero a saber el porqué me vino a la mente aquel día, justo un mes antes de que mi madre falleciera, me encontré con un grupo de muchachos que me inundaban de ser débil, de cagarla siempre y de ser una aguafiestas, y BUM, me acordé de mi tío Radeck casi automáticamete.
Las pocas veces que mi tío Radeck y yo salíamos, fue cuando tenía 16 años, mi tío no pensaba como yo en casi ningún aspecto, la diferencia se interponía en que él se limitaba a cambiarme de opinión, con unos argumentos limitadamente penosos.
Después de todo, me quedé dormida viendo “in the middle” por cuarta o quinta vez.
Y muy en el fondo pensando si era mi tío, si era yo, si era mi adolescencia, o si era un caos y realmente estaba chiflada de la cabeza, y por no darle más vueltas, decidí responderme con que estaba como una regadera, y que a veces era mi adolescencia, otras mi tío, y otras muchas era porque a mi cabeza le faltaba más de un cable y cuatro tornillos, y aunque me daba impotencia, era lo que era y ahí se quedaba. Y sinceramente, creo que estoy más tranquila sabiendo que me falta un hervor.
Me desperté a las 14:34 del día siguiente con una rabia indescriptible por no haberme levantado antes, y allí seguía mi padre viendo “University Man” en el sillón.
-Tenemos que comprar uno nuevo. Dije mientras señalaba el sofá con la cabeza.
-Sí, es cierto. Me dijo. -Está un poco viejo ya. Prosiguió.
Era Marzo y como no hacía un buen día me dirigí al balcón, donde había una mesa blanca ovalada que ocupaba gran parte de dicho balcón,  y observé la calle, la misma donde asesinaron a mi difunta madre, y atropellaron (hace ya unos cuantos años atrás) a mi gato Melfish. Hacía frío, ya que como he dicho antes,no hacía un buen día, pero estaba dentro de mis interiores, calmando las calamidades de los demonios que inundaban mis adentros, y allí siempre hacía frío, así que la frialdad de la calle pasó desapercibida. Siempre me habían dicho que parecía una chica muy impasible, pero siempre me habían parecido una gran estupidez ese tipo de comentarios.
Entonces algo helado se acercó a mí con susurros indescifrables, pues justo antes de que pudiera sentir el calor de su respirar sabía que no me hallaba sola, demasiado silencio inusualmente callado en una calle tan vacía como la de mi casa, pues tenía la sensación de una segunda presencia conmigo, cargada de odio ira y dolor que se atolondraba sobre mi cabeza en bucle, me iba aferrando los sentimientos de una manera uniforme, hasta descomponerlos todos, era imposible moverse, ni el más remoto ruido de las lágrimas al chocar con la desesperación de sus pestañas, de las pestañas de ese espectral ser que tanto temor me causaba, sus ojos, su pesar, pesaban demasiado para poder sobrepasarlo sin más e irme de rositas.
Pues tenía que sufrir, era mi papel en dicho momento y nadie podría habérmelo arrebatado sin más.
La presencia se olvidó de mi, o yo de ella, ya no sentía nada, literalmente nada, se me había dormido todo el cuerpo y casi ni podía moverlo sin quejarme.
Decidí entrar dentro gracias a mi teoría de que dentro de la casa estaría más segura que en cualquier otro sitio, cené, y me encerré en el cuarto como todos los días antes de ir a dormir, solo que esta vez, no fui a dormir. Me quedé pensando de dónde vendría aquello que fuera que me atacó hacía apenas ni 8 horas, pero no había teorías creíbles que hablaran de ello, y me iba a dormir ya, frustrada por no encontrar respuestas a nada, pero justo cuando mis nervios se desquiciaron, apareció, una luz inundaba la sala y aún así se dignó a aparecer para hacerme lo que quiera que me esperase ahora, y me desquicié junto con mis nervios cobrados vida.
La fuerza espectral pegaba los chillidos que yo no pude especular, se me irritaba la piel con solo el tacto de dicha magia, no sabía cómo describirla y empezó a girar alrededor de la sala, diciendo cosas en otro idioma, podría asegurar que era inventado porque aquella cosa no parecía lo suficientemente cuerda como para hablarme sobre cualquier teoría y se dignaba a molestar, a molestarme a mí, y a mi poca paciencia. Especuló una sonrisa, dejándome muda, y me atravesó el pecho 5 veces seguidas, aún seguía muda cuando se quedó delante de mí, en frente de mí, como esperando respuesta, una respuesta que puedo asegurar, no le iba a llegar. Borró la sonrisa de su, llamémoslo cara, como si se arrepintiera de ello o como si nunca lo hubiera hecho, y me miró a los ojos, aquellos ojos no tenían nada parecido a ojos medianamente humanos, excepto aquella forma ovalada propia de un ojo, así que contemplé su temor en las casi manos y su dolor en sus cuencas, apretó sus puños y gritó, dejándome sorda y casi muda dejando mi garganta irritada, y se fue, casi llevándose así el poco aire que quedaba en la sala después de todo aquello, todo volvió a la calma, y yo me dejé caer sobre mi chirriante cama, como si no pudiera con mi cuerpo, como si acabara de correr 30 maratones mundiales de 15 kilómetros cada uno.
Casi ni me tapé, y me dormí en pleno pensar de mis desdichas, los 4 sentidos de mi cuerpo se habían amarrado a mis manos en forma de cuerda, y me dolían al verlos tan fugaces ante cualquier cosa.
Sentía la sensación de tranquilidad recorriéndome la piel uniformemente en forma de ventisca, ventisca procedente de la ventana, ventana abierta que apenas recordaba, haciéndome notar así que ya no me faltaba aire para aquella función básica que era el respirar de una persona, y me quedé dormida, en aquella tranquilidad propia del mar, tranquilidad del sopesar trasluz de la habitación,  pues estaba en medio de un sueño y a penas recordaba mi nombre.
Me desperté a las 15:19 del día siguiente, el sol del mediodía se posaba sobre mi piel y por las cortinas trascurrían las horas a mi pesar de mi tan profundo sueño.
Abrí los ojos, y como cada mañana, miré el reloj, las tres y veinte, me había dormido otra vez, qué estúpida, estaba intentando no cabrearme conmigo misma pero era inevitable, mis intentos por tranquilizarme no dieron por fin sus frutos y me agobié, de tal forma que aquella monstruosa criatura volvió a aparecer, ocupando gran parte del comedor donde yo me encontraba, me caí al suelo, pero no me  hice daño, aún tenía el sentimiento agobiante de segundos atrás a flor de piel y no sabía cómo actuar, dado que la cosa empeoró por momentos.

Envolvió de humo el gran salón donde me encontraba, y toda su ira se apoderó de mi desquicia, arrancándome la felicidad en un inescrutable intento de persuasión que invadía mi mente, pero todo estaba en calma, no había ningún otro ruido en toda la casa excepto su respiración y la mía, que desagradablemente, iban a la par, pero oí la llave chocar con la cerradura de la puerta principal, y me desmayé, incapaz de demostrar nada ante nadie por mi gran asquerosa valentía.

-De lo único que me acuerdo, fue que me caí cuando me estaba haciendo la comida, y no recuerdo más. Dije a mi tío Radeck minutos después de despertarme.
-Pero te has desmayado en el comedor. Contestó.








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